jueves, 10 de febrero de 2011

EL ‘LLORADOR DE MUERTOS QUILLERO’

Renato Sánchez, un hombre cuyo oficio es rentable… Sólo cuando hay difuntos

Por Luis Colón Montes

La vida de cada ser humano está cargada de sueños e ilusiones que en algunas ocasiones se convierten en frustraciones. Un claro ejemplo de dicha afirmación se plasma en el diario vivir de Renato Sánchez*, un hombre de 39 años de origen chocoano, que siempre soñó con ser un gran actor, pero por no contar con los recursos necesarios para fortalecer su propósito, eso sólo quedo en palabras.
Para este hombre, mostrar su dotes en la actuación, no es un impedimento, pues labora como llorador de muertos; si, así como lo leen, este hombre cuyo trabajo es bastante peculiar, es feliz, aunque suene irónico, sólo cuando hay difuntos.
Si usted es de los que piensa que el trabajo de los que laboran en una funeraria es desagradable porque es más rentable el negocio cuando hay muertos, déjeme decirle que está muy equivocado porque en los cementerios de Barranquilla, Sánchez se encarga de dar cristiana sepultura a los fallecidos, mostrando a través de escenas dramáticas, el dolor que se siente perder a un familiar.
Todo empezó cuando él fue expulsado de una peluquería en la que trabajaba, ya que en la misma se produjo un robo del cual era el principal sospechoso, razón por la que lo echaron como una ‘vil rata’, frase que expresa Renato recordando lo que para él fue un amargo momento.
Después de ese suceso, Renato no tuvo otra alternativa que vender dulces en los buses, “me deje de eso porque la gente me miraba feo, de pronto por mi condición sexual”, manifiesta afirmando que es un homosexual y que se siente orgulloso de serlo. A este hombre de tez negra  y ojos oscuros solo se le paso por la cabeza vender flores en los cementerios, pero un día por cosas de la vida notó que habían entierros en los cuales la gente era fría con los difuntos, lo que para él causaba  una impresión negativa, que lo llevo a llorar sin ni siquiera conocer al fallecido. Pues no estaba acostumbrado a ver tanta frialdad.
“Vi caras de sorpresa entre muchas personas porque sabían que no era allegado al muerto y, como también lanzaba rezos, era aun más la sorpresa”, dice con una sonrisa pícara recordando su primera vez en esto.
Lo que Sánchez no esperaba, era que uno de los asistentes al sepelio le llamara para ofrecerle algo de dinero pues éste pensó que ese era su trabajo, lo que causó conmoción en él que, ni corto ni perezoso, recibió lo que le daba el resto de personas que allí estaban.

Desde ese entonces, este ‘Plañidero’ como se le conoce a los que lloran difuntos a cambio de dinero, es conocido popularmente como ‘El llorador de muertos’, ya que se dedica a ser parte de los entierros que se efectúan en los cementerios de Barranquilla, mostrando sus dotes de actor para conmover a los familiares y allegados de los que por circunstancias de la vida ya no están aquí, y así hacer entender que el verdadero dolor no es el que se aparenta sino el que se siente de verdad.


Aunque sus lágrimas son ficticias, la verdadera razón por la que lo hace es para subsistir  en esta ciudad en donde las oportunidades de trabajo son escasas, mostrando que el hombre debe estar lleno de recursos, y nunca mirar hacia atrás pues la esencia de la vida está en no rendirse ante los obstáculos y adversidades que se interponen en el camino.
La curiosidad de entrevistar a este sujeto se me presentó cuando en una visita a un familiar fallecido a uno de los cementerios de la ciudad, observé la forma tan impresionante y conmovedora como se arrastraba en el suelo, “¡Ayyy… Yosi!  Porque te fuiste y nos dejaste con este dolor tan grande”, expresaba llorando con un apoteósico show que le colocaba la piel de punta a más de uno, incluyéndome. Después de terminar su acto me le acerque para preguntarle por que lo hacía,  y  secándose las lagrimas sólo me dijo: “Por arte y por necesidad, mijo”.
De inmediato aproveché el momento y planeé una cita con él para hablar un poco de su oficio y contarles a ustedes este relato que seguramente los ha impresionado, pues  no es común observar este tipo de trabajos que suenan extraños, pero que dejan  buena rentabilidad.
“Yo cobro depende del muerto, o sea según la calidad, porque a veces aquí,  más que todo en el universal, llega gente adinerada y fría, entonces es más fácil cobrarle mayor cantidad de plata”, afirma este sujeto, señalando a un grupo de personas que se aproximan a un entierro.
Pese a que Renato no es un hombre estudiado, pues sólo llegó hasta tercero de primaria, es bastante inteligente, ya que ofrece variedad de paquetes dramatúrgicos cuando se presenta un acto fúnebre, a precios que se ajustan de acuerdo a su labor, por ejemplo: una función que lleva solamente rezos, una segunda; que contiene aparte de los rezos, llantos, y una tercera función que está conformada por rezos, llantos y desmayos, “es que yo soy todo un profesional”, dice entre risas.
Desde los nueve años, este personaje se ha independizado ya que nunca contó con sus padres para que lo apoyaran, pues murieron cuando él tenía ocho y desde ahí le ha tocado pasar por muchos obstáculos, dentro de ellos, enterarse que era portador del virus de inmunodeficiencia humano, VIH.
Tengo que reconocer que, cuando me mencionó que poseía esta enfermedad, me quedé atónito y sin palabras porque a simple vista se ve un hombre lleno de vida que aparenta ser feliz. “¿Por qué me mira así?”, me pregunto, le dije que no me lo esperaba puesto que me tomó por sorpresa su revelación; él sólo me dijo que “a eso me refería cuando te comente que la gente me rechazaba por mi condición sexual, pues para ganar el consuelo de la gente tenía que decir eso, como dicen por ahí, no hay mal que por bien  no venga”
Aunque el testimonio de Renato Sánchez debería despertar cualquier tipo de emoción, menos felicidad, para él este oficio es una forma de culminar la vida con buen dinero y haciendo lo que le gusta, la actuación, empírica y popular, pero al final de cuentas… actuación.
“Un día malo, malo se gana uno por ahí como sesenta mil pesitos y más los domingos porque hay más gente”, dice, señalando que se tenía que ir porque había llegado la ‘clientela’.
Sin duda, este sujeto es el ejemplo propicio para decir que, aunque pertenezcamos a un mundo en el que hay muchas adversidades por las cuales tenemos que pasar con escases material y, espiritual, en algunas ocasiones; es considerable tener en cuenta que, a pesar de los problemas, como dice Renato, “todo tiene solución, menos la muerte, y más… si sacas provecho de ella”.
*Nombre cambiado a petición del personaje

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